De tiguere a tiguere: La Cultura del Tigueraje y la Sociedad Dominicana

ElAvance | 13 julio 2026

Gabriel López.
Publicista y profesor universitario.

“De tiguere a tiguere”.

Esa fue la frase que reveló la indignación aristócrata del presidente de la Cámara de Diputados Alfredo Pachecho, al considerarse indigno de ser etiquetado con este epíteto coloquial dominicano que ha trascendido la barrera espacio- tiempo y las fronteras culturales en toda Latinoamérica e incluso en culturas norteamericanas.

Pero, ¿qué es el tigueraje? Debemos reconocer que, dada nuestra generalizada tendencia cultural a no indagar o investigar de las cosas sino simplemente repetir lo que escuchamos dada su pegajosidad, popularidad o impacto sub-cultural en el seno del barrio, no tenemos ni idea de donde salen las frases, expresiones o más bien, su significado real y connotaciones contextuales.

Por eso, quiero darle todo el crédito del mundo a Rafael Acevedo, quién en 2010 prologa una obra tan subestimada en el haber literario dominicano: Cultura del Tigueraje en República Dominicana: Propuesta para una Revolución Cultural del Dr. José Dunker J; y en cuya presentación define magistralmente el término “tiguere”. Estas son sus palabras:

“ […] Podemos definir el tigueraje como como una pauta de comportamiento social no estructurada, que no está vinculada a situaciones o roles específicos; que tiende a producirse en situaciones anónimas, inestructuradas, donde las reglas no están claras, o son inadecuadas para viabilizar una solución […] Suele constituirse en un hábito individual de la personalidad, siendo un estilo de vida caracterizado por acciones de “viveza”; en fin” individuos que buscan las brechas normativas para “salirse con la suya”.

Es una conducta fácilmente imitada por terceros, ya que al ser una práctica colectiva o pluralizada, la censura de la misma se debilita o neutraliza. De la misma manera, el tigueraje se refieren a aquellas acciones que no dañan a terceros; no se trata de violaciones de normas o leyes de gran importancia, pues la acción no trata de dañar la persona física o moral de un tercero. Se produce donde nadie observa o representa la ley y el orden; o bien obteniendo un consenso básico o mínimo entre un grupo de individuos que justifican la acción en si misma, como algo que no daña intereses mayores.

Al tigueraje le asiste un cierto “derecho de tolerancia social” ya que suele aplicarse dentro del marco de alguna injusticia social que el tiguere ha sufrido; lo cuál legitimiza el acto de tigueraje en si.

El tigueraje es una rebelión individual que se estructura como actitud en la personalidad, buscando soluciones ad hoc en determinadas circunstancias; en las que el tiguere no considera que está actuando mal; llegando a justificarse, buscando la aprobación y evadiendo la vergüenza asumiendo una actitud de autoconfianza, elevando su fechoría al nivel de un acto de habilidad. El tiguere es un simulador, que aunque comete con frecuencia actos impropios, los disimula o trata de justificarlos, ya sea por vergüenza, o porque teme parecer defectuoso ante los demás.

El tigueraje se produce al márgen de lo establecido; como un intento frustrado de seguir el patrón y meta de lo que la sociedad propone. Es una conducta antisocial que rinde culto a lo establecido.” (Acevedo, 2010)

No se ustedes. Pero esto me hace pensar.

¿Cuántas veces no he sido yo mismo el tiguere, para ahorrarme unos pesos o unos minutos? ¿Cuántas veces no he sido yo el tiguere, que pone sus propios intereses por encima del derecho ajeno? ¿Cuántas veces no he sido yo el honorable diputado Pacheco, indignándome de ser señalado de mi propio tigueraje? ¿Cuántas veces no he sido yo El Piro, señalando el tigueraje ajeno ocultando el mío propio?

República Dominicana es una manada de tigueres, donde el declive moral y el aprovechamiento de la buena voluntad del otro es el combustible que alimenta nuestros egos llenos de superación y ambición. Donde todos vivimos corriendo en la misma rueda de ratón persiguiendo el salir de la miseria sistemática a la que los estados tanto nacionales como internacionales, empresarios con mala voluntad y un sistema globalista esclavista nos ha sometido.

Es triste que hagamos todo tipo de trampa, aprovechamiento, habilidad, viveza y engaño… porque quisiéramos ser felices, validados y realizados. Pero siempre hay un camino mejor. República Dominicana sanará su gobierno, cuando sanen sus ciudadanos, ya que son a estos los que elegimos. Despertemos del dualismo que escoge partidos y no carácter. Despertemos del engaño que nos ata al pensar que promesas, discursos rimbombantes, bandereos y algarabía puede sustituir la honradez, la verdad y los principios.

El tigueraje avergüenza, humilla, indignifica, mancha, destituye e invalida todo esfuerzo de aumentar nuestro estatus, honra, posición y dignidad propia. República Dominicana es rica en oportunidades, dignidad, honor, crecimiento y desarrollo. Demostrémoslo con nuestro diario vivir, renunciando a ese tigueraje que Acevedo y Dunker definen…

O no seremos más que aquellos de los que son “ladrones que señalan ladrones”, siendo tigueres nosotros mismos.