¿Reforma Policial o Reforma Social?

ElAvance | 05 julio 2026

Gabriel López.
Publicista y profesor.

Es oficial: la ciudadanía dominicana: desde nuestro primer mandatario hasta el más humilde de los olvidados indigentes de nuestra ciudad considera y etiqueta como ANIMALES a la Policía Nacional Dominicana.

Perdónenme la generalización. Lo digo porque: por supuesto que existen oficiales policiales impolutos, honorables, éticos, cívicos, educados y respetuosos, sin importar el rango. Pero tristemente son las grandes excepciones que brillan por su ausencia en las calles de nuestro país, donde solo aquellos imberbes con ínfulas de poder e inseguridades masculinas extremas reinan sobre esta selva de concreto, implementando una “ley y orden” brutalista, deshumanizante y abusiva en la era del “proteger y servir” que se quedó corto en el rebranding gubernamental.

No ha valido la estrategia de marca interna para lavar la cara de una institución podrida desde su origen claramente militarista en su filosofía y dictatorial en su práctica. El clamor nacional de una “profiliaxis”, una reforma, un cambio en las filas de la Policía Nacional se ha elevado desde hace años hasta convertirse en un punto focal como propuesta de gobierno en las últimas 3 campañas electorales. Pocas promesas se han logrado, el cambio exigido no ha dado los frutos esperados.

Sin embargo: ¿podemos culpar realmente a las instituciones gubernamentales por esta carencia de resultados? ¿O quizás no queremos mirar más profundamente al problema moral y de carácter de nuestra fuerza castrence? Total: las instituciones están conformadas por personas. Y las personas son un reflejo de su carácter y convicciones.

No se tu, pero yo veo oficiales de policía todos los días. Los veo en el transporte público cuando bravuconean entre ellos exigiendo su derecho. Los veo peleando en las filas del banco afirmando la autoridad de sus demandas. Los veo en las iglesias mientras les recuerdan a los demás sus pecados mientras limpian sus manos. Los veo en los medios, entre chisme, amarillismo y bocineo. Lo más divertido de todo, es que ninguno tiene un uniforme azul puesto.

Tu y yo somos los oficiales de policía, simplemente no poseemos un arma oficial para fiscalizar lo que nosotros consideramos es correcto. Y al saber esto, no podemos decir del todo que no cometeríamos barbaridades como aquellos oficiales que apelan a la violencia, al abuso de poder y a la impulsividad. Creo que tendríamos nuestras propias luchas y se reflejarían de diversas maneras.

Es justo verlo así, ya que es muy sencillo exigir por justicia como animales rabiosos, cuando no consideramos todo un sistema que se rige exclusivamente por un sentido sensible del bien y del mal el cuál se pasa por encima al reclutar a hombres y mujeres en su mayoría desesperados de encontrar una salida a la pobreza, sin considerar sus mentes y corazones; sus motivaciones y convicciones.

Los oficiales que reformarán la Policía Nacional se forman en los hogares, en las escuelas, en las iglesias y en las comunidades. Se forman en sociedad, en empatía y en amor al prójimo. Para reformar la Policía Nacional, necesitamos reformar los hogares, los barrios y la cultura misma. Una reforma policial sucederá de la mano con una reforma social, una reforma del corazón del dominicano que aprende a luchar por la justicia, protegiendo y sirviendo de verdad a ciudadano y honrando la vida en pos del orden y el cumplimiento de la ley.