El mito del votante indeciso

ElAvance | 29 junio 2026

Leonardo Gil,
Consultor en comunicación política y de gobierno.

Hay una figura que aparece en cada proceso electoral dominicano como si fuera un personaje mítico: el votante indeciso. Los estrategas hablan de él, los encuestadores lo miden y los candidatos lo persiguen. Sin embargo, la evidencia acumulada por la psicología política, la ciencia cognitiva y la sociología sugiere que el llamado “indeciso”rara vez es un espacio vacío; con mucha frecuencia es una identidad que aún no ha encontrado representación.

La teoría clásica de campañas divide al electorado entre partidarios de un candidato, partidarios del adversario e indecisos. Bajo esa lógica, buena parte de los recursos se destinan a convencer a quienes supuestamente aún no han decidido. Pero las personas no llegan a una campaña sin historia: llegan con valores, pertenencias, emociones y experiencias. Llegan con identidad.

Henri Tajfel y John Turner, creadores de la Teoría de la Identidad Social, demostraron que una parte esencial del autoconcepto proviene de la pertenencia a grupos. Como escribieron: “Parte del autoconcepto de un individuo deriva del conocimiento de su pertenencia a un grupo social junto con el significado emocional y valorativo asociado a dicha pertenencia”. Antes de decidir un voto, el ciudadano ya ha decidido quién cree ser.

Jonathan Haidt sostiene en The Righteous Mind que “la intuición viene primero; el razonamiento estratégico viene después”. Primero sentimos afinidad con quien percibimos como parte de nuestro mundo; después construimos argumentos para justificar esa afinidad.

Daniel Kahneman mostró que el cerebro privilegia la coherencia sobre la revisión constante de creencias. Cuando un mensaje contradice una identidad política consolidada, suele generar resistencia antes que persuasión.

Desde la ingeniería de la identidad del votante, muchos llamados indecisos pertenecen realmente a cuatro categorías: el identificado sin candidato, el identificado decepcionado, el identificado silencioso y el elector de baja intensidad. Ninguna de ellas representa ausencia de identidad; representan distintos niveles de activación identitaria.

Donald Green, Bradley Palmquist y Eric Schickler concluyen en Partisan Hearts and Minds que la identificación partidaria funciona más como una identidad social que como una evaluación racional de políticas públicas. Por eso la pertenencia suele pesar más que los programas de gobierno.

De cara a las elecciones dominicanas de 2028, el desafío estratégico no será conquistar un supuesto indeciso o un supuesto vacío electoral, sino comprender qué identidades existen, qué aspiraciones expresan y qué liderazgo puede representarlas de manera creíble. El verdadero campo de batalla será la representación, no la simple persuasión.

El estratega moderno no debería preguntarse cómo convencer al indeciso, sino qué identidad ya posee, qué emociones la sostienen, qué símbolos la representan y cómo un candidato puede convertirse en el espejo de esa identidad.

En conclusión, el llamado votante indeciso es, en gran medida, una categoría estadística útil para las encuestas, pero insuficiente para explicar el comportamiento electoral. El elector rara vez llega sin identidad; más bien espera encontrar una representación convincente de quien ya es o de quien aspira a ser. En política, las campañas ganadoras no crean identidades: las reconocen, las activan y les dan voz.

Referencias citadas

Tajfel, H. & Turner, J. (1979). An Integrative Theory of Intergroup Conflict.

Haidt, J. (2012). The Righteous Mind.

Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow.

Green, D., Palmquist, B. & Schickler, E. (2002). Partisan Hearts and Minds.