Política a la Real Madrid

ElAvance | 10 junio 2026

Orlando Jorge Villegas

Lo que ocurrió en las elecciones del Real Madrid dice mucho más sobre política que sobre fútbol. Las recientes votaciones en el club más famoso del mundo, donde Florentino Pérez se impuso frente a Enrique Riquelme, son un espejo incómodo para cualquier sistema de poder que se crea intocable.

Casi dos décadas después de gobernar sin competencia real, Florentino tuvo que salir a buscar votos de verdad. Su liderazgo se sostuvo en algo que conocemos bien en la política dominicana: el voto de agradecimiento. Muchos socios miraron hacia atrás y dijeron: “con él ganamos títulos, modernizamos el estadio, seguimos siendo una potencia”. Esa mirada retrospectiva es poderosa; cuando la gente siente que su líder “cumplió”, tiende a darle una nueva oportunidad, aun cuando existan señales de desgaste.

Pero el dato clave para mí no es el 65% de Florentino, sino el 35% de Riquelme. Ese porcentaje representa algo más que un “buen resultado” para un retador; es la evidencia de que, incluso en estructuras cerradas, siempre hay una base de descontentos que solo necesita un proyecto creíble para convertirse en fuerza política. Riquelme no se limitó a criticar; se montó sobre las inconformidades de quienes no estaban satisfechos con la gestión y les ofreció un relato alternativo de futuro.

Lo que más me llama la atención, y que considero una lección directa para nuestro sistema de partidos, es que esta oposición se construyó desde dentro. Riquelme no quemó las naves, no renunció al club, no formó “otro Real Madrid”. Decidió competir bajo las mismas reglas, hablando a los mismos socios, disputando el mismo símbolo. En el lenguaje de la política dominicana, eso equivale a decir: se puede cuestionar al líder sin salirse del partido, se puede proponer algo distinto sin que te cuelguen la etiqueta de traidor.

En nuestros partidos, muchas veces, toda disidencia se interpreta como amenaza que hay que neutralizar. El caso del Real Madrid demuestra lo contrario: una organización puede permitir que la competencia interna respire, que el descontento se exprese, y aun así mantener continuidad institucional. Florentino ganó, pero ya no gobierna desde la misma comodidad; ahora sabe que más de un tercio de su base está dispuesta a escuchar otra voz.

Por eso creo que, si no en las próximas elecciones, en algún momento Enrique Riquelme será presidente del Real Madrid. Porque una vez que una alternativa alcanza ese nivel de apoyo, deja de ser simple “oposición” y se convierte en futuro probable. Y ahí está, en esencia, la idea central de esta columna: la política a la Real Madrid nos recuerda que el poder no se hereda ni se decreta; se disputa, se agradece… y, tarde o temprano, se renueva.