Coherencia vs tibieza

ElAvance | 03 junio 2026

Orlando Jorge Villegas

La política contemporánea, tanto en la República Dominicana como en el resto del mundo, atraviesa una crisis que no es ideológica ni generacional, sino de coherencia. Y cuando hablamos de coherencia, no nos referimos únicamente a la consistencia discursiva, sino a algo más profundo: coherencia entre ideas, convicciones y formas de actuar.

Hoy abundan liderazgos que prefieren moldearse según la audiencia del momento. Se esconden detrás de reels cuidadosamente editados, vestuarios diseñados para proyectar cercanía o gestos calculados para generar empatía superficial. No gobiernan ni aspiran a gobernar desde la autenticidad, sino desde la conveniencia. Esta práctica, que puede rendir frutos en el corto plazo electoral, erosiona la credibilidad en el mediano y largo plazo.

El populismo y el oportunismo siguen siendo herramientas eficaces en campaña. Sin embargo, el electorado ha comenzado a mostrar signos de fatiga. La saturación de promesas vacías y discursos adaptativos ha generado una demanda creciente por liderazgos claros, definidos y, sobre todo, coherentes.

En ese contexto, figuras como Abelardo de la Espriella en Colombia han logrado posicionarse frente a estructuras tradicionales tanto de derecha como de izquierda. Más allá de la simpatía o rechazo que pueda generar, su perfil responde a una característica cada vez más valorada: la frontalidad. Como ocurre con liderazgos de distinta orientación como Bukele, Milei, Trump o incluso Pedro Sánchez, hay una constante: no operan en medias tintas. Caso contrario es el de Mamdani, actual alcalde de Nueva York, quien durante su candidatura prometió villas y castillas, pero ya en funciones comienza a enfrentar múltiples crisis producto de una agenda incoherente y confusa.

El llamado “Tigre” de Colombia ha construido su posicionamiento sobre la base de posturas firmes y reconocibles. Sus ideas en temas controversiales, su visión de país y sus convicciones personales no parecen fluctuar según el viento político. Durante su campaña, difícilmente se le vio variar posiciones para agradar coyunturalmente. Y ese elemento, en tiempos de desconfianza, tiene un peso significativo: la gente puede no coincidir, pero respeta la coherencia.

En días recientes, al conversar con un distinguido grupo de mujeres conservadoras activas en la vida pública, surgió una preocupación compartida: el deterioro del Congreso Nacional dominicano. Señalaban cómo muchos legisladores carecen hoy de la capacidad —o la voluntad— de defender en funciones las mismas ideas que promovieron en campaña. Es decir, la tibieza ha sustituido la convicción.

Esa tibieza no es inocua. Es corrosiva. Debilita las instituciones, diluye el debate público y refuerza el cinismo ciudadano.

Por ello, el desafío para el electorado dominicano es claro: identificar quiénes actúan con coherencia y quiénes, por inseguridad o falta de sustancia, optan por convertirse en los “chicos cool” de la política. El país no está para lo “cool” ni para lo “chulo”. Está para decisiones firmes, liderazgo auténtico y coherencia sostenida.