Los ignavi de la política dominicana

ElAvance | 28 mayo 2026

Hay una categoría de personas que nunca ha logrado despertar mi admiración: los tibios.

No hablo de quienes analizan antes de decidir, ni de quienes ejercen la prudencia como virtud. Hablo de aquellos que han convertido la falta de compromiso en una filosofía de vida; de quienes evitan toda definición, rehúyen toda causa y calculan cada paso únicamente en función de su conveniencia personal.}

Nunca he creído en ellos. Y a mis 48 años, la experiencia me confirma que tampoco merecen mi confianza.

Vivimos tiempos en los que la palabra «imparcialidad» suele utilizarse como una credencial moral. Sin embargo, conviene hacer una distinción fundamental: la imparcialidad no significa ausencia de principios.

Un juez, por ejemplo, debe ser imparcial entre las partes, pero jamás puede ser neutral frente a la ley. Su compromiso es precisamente con la justicia y con el orden jurídico. La imparcialidad procesal no implica indiferencia moral.

Por eso desconfío de quienes se presentan como eternamente neutrales en todos los escenarios. La historia no ha sido construida por los indiferentes, sino por hombres y mujeres capaces de asumir riesgos, defender ideas y comprometerse con causas que consideran justas.

Hace poco conversaba sobre este tema con el embajador, intelectual y comunicador Marino Berigüete. Recordábamos una de las imágenes más poderosas de la literatura universal: el encuentro de Dante Alighieri con los ignavi en el Canto III del Infierno de La Divina Comedia.

Cuando Dante observa aquellas almas condenadas a correr eternamente detrás de una bandera sin significado, pregunta quiénes son y por qué sufren semejante castigo.

La respuesta es demoledora.

Son los ignavi: aquellos que durante su vida nunca tomaron partido por nada. No defendieron el bien, pero tampoco abrazaron el mal. No tuvieron el valor de comprometerse con una causa ni de asumir las consecuencias de una posición.

Por eso no están ni siquiera dentro del Infierno. Permanecen en el vestíbulo, antes de cruzar el río Aqueronte, condenados a la irrelevancia eterna.

Dante los desprecia tanto que pone en boca de Virgilio una de las frases más célebres de toda la obra:

“No hablemos de ellos. Mira y sigue adelante”.

La lección es profundamente política.

Las sociedades avanzan gracias a quienes asumen responsabilidades. Los grandes cambios, para bien o para mal, son impulsados por personas dispuestas a comprometerse con una visión del mundo.

Los ignavi prefieren otra ruta. Nunca están completamente con nadie. Reciben beneficios de todos, pero no sienten lealtad hacia nadie. Acompañan mientras les conviene y abandonan cuando el viento cambia de dirección.

No construyen proyectos. Los utilizan.

No generan confianza. La consumen.

No hacen historia. La observan desde la acera.

En la política dominicana abundan estos personajes. Se presentan como independientes cuando en realidad son oportunistas. Confunden prudencia con cobardía y neutralidad con ausencia de carácter.

Su principal habilidad consiste en permanecer siempre cerca del poder, sin importar quién lo ejerza.

Pero la historia termina cobrando factura. Porque toda comunidad, toda organización y toda causa necesita personas capaces de sostener convicciones, incluso cuando hacerlo tiene costos.

Al final, la indiferencia no es una virtud. Es una renuncia.

Y quizás por eso la advertencia más severa no proviene únicamente de Dante, sino también de las Escrituras.

En el Apocalipsis se lee una frase que atraviesa los siglos con una vigencia extraordinaria:

“Porque no eres frío ni caliente, sino tibio, te vomitaré de mi boca”.