La capacidad de hacer líos

ElAvance | 27 mayo 2026

Orlando Jorge Villegas


El reportaje de El Avance, medio de Faia Group, de la pluma del periodista Victor Herasme, sobre el crecimiento del uso de tarjetas de crédito en la República Dominicana revela una cifra que llama la atención: más de RD$128 mil millones adeudados en dinero plástico. A primera vista, el dato podría interpretarse como una señal de alarma. Sin embargo, el propio Informe sobre el Crédito en el Sistema Financiero matiza esa percepción al indicar que los niveles de endeudamiento se mantienen dentro de rangos considerados normales. Es decir, no estamos necesariamente ante una crisis, sino ante una transformación.


Lo que subyace detrás de estas cifras es un fenómeno más interesante: el avance de la bancarización en la sociedad dominicana. Cada vez más ciudadanos tienen acceso a instrumentos financieros formales, lo que amplía sus posibilidades de consumo, inversión y manejo de liquidez. Pero junto con esa expansión aparece una característica muy dominicana: la capacidad de “armar líos” financieros para poder avanzar.


Ese “lío” no es necesariamente desorden. Es, en muchos casos, una forma creativa —y arriesgada— de gestionar recursos limitados frente a aspiraciones crecientes. El dominicano promedio ha aprendido a estirar el ingreso, a jugar con fechas de corte, a refinanciar, a balancear múltiples obligaciones. En esencia, a navegar un sistema financiero que exige disciplina, pero también premia la astucia.


La deuda, en este contexto, deja de ser simplemente una carga para convertirse en una herramienta. El buen deudor entiende los costos: tasas de interés, plazos, penalidades. Pero también entiende el valor del tiempo y del apalancamiento. Sabe cuándo endeudarse para consumir y cuándo hacerlo para invertir. Esa distinción es crucial.


No es casualidad que los grandes empresarios operen bajo la misma lógica, aunque a otra escala. Desde levantamientos de capital hasta financiamiento estructurado, la deuda es un mecanismo esencial para impulsar proyectos y acelerar crecimiento. En ese sentido, lo que ocurre en la economía cotidiana dominicana no es tan distinto de lo que sucede en los mercados globales.


Ray Dalio, uno de los inversionistas más influyentes del mundo, ha insistido en que la deuda es una herramienta poderosa cuando se utiliza correctamente. Sin embargo, también advierte que el sistema financiero global se encuentra en una fase avanzada de un gran ciclo de deuda, particularmente en Estados Unidos, donde los niveles actuales plantean riesgos estructurales importantes.


La lección es clara: la capacidad de “hacer líos” puede ser una ventaja competitiva si está acompañada de criterio. En una economía cada vez más compleja, saber manejar la deuda no solo es útil, sino necesario. El desafío para el dominicano no es dejar de endeudarse, sino aprender a hacerlo mejor.