"¿Y la pensión de Mariano?"

ElAvance | 20 mayo 2026

Por Giovanni Morillo

Desde niño frecuento la emblemática Barra Payán. Como muchos capitaleños, crecí viendo allí a Mariano, el conocido limpiabotas que durante décadas se convirtió en parte inseparable de ese entorno popular y tradicional de Santo Domingo. Siempre amable, respetuoso y afable, Mariano se ganó el cariño y la admiración de quienes pasábamos por el lugar.

Hoy, después de más de 25 años observándolo trabajar con dignidad y humildad, me duele profundamente verlo atravesar un verdadero viacrucis en los últimos años de su vida. Su situación representa el drama silencioso de muchos dominicanos que dedicaron toda una vida al trabajo informal y que, al llegar a la vejez, sienten que el Estado simplemente no existe para ellos.

Mariano, un olvidado por el Estado.

Hace algunos meses conversaba con un amigo funcionario público, quien orgullosamente me comentó que había logrado gestionar una pensión solidaria para su chofer. Cuando observé al beneficiario, vi a un hombre fuerte, saludable y todavía en plena capacidad de trabajar. En ese instante pensé: “Dios mío, esto es una burla”.

Mientras personas como Mariano Payán enfrentan enormes dificultades económicas y sobreviven con precariedad, otros reciben beneficios estatales sin realmente necesitarlos. Esa realidad obliga a una profunda reflexión nacional sobre la manera en que están siendo otorgadas las pensiones solidarias en la República Dominicana.

No se trata de atacar programas sociales, sino de exigir justicia y sensibilidad. Las pensiones solidarias deben llegar a quienes verdaderamente las necesitan: envejecientes abandonados, trabajadores informales sin recursos, personas enfermas o incapacitadas y ciudadanos que dedicaron su vida al trabajo honesto sin lograr estabilidad económica.

Lo que estamos viendo actualmente es preocupante. En demasiadas ocasiones, estos beneficios parecen convertirse en favores políticos, recomendaciones personales o instrumentos clientelistas, mientras hombres y mujeres como Mariano continúan esperando una mano solidaria del Estado.

Es hora de revisar el sistema de pensiones solidarias. No es justo que se entreguen a personas que aún pueden producir y sostenerse económicamente, mientras quienes realmente necesitan apoyo sobreviven en el abandono y la indiferencia.

La situación de Mariano no debería ser ignorada. Él representa a miles de dominicanos invisibles que trabajaron toda una vida con dignidad y hoy merecen respeto, protección y tranquilidad.

Por Dios, el país ya no aguanta tanta injusticia