Feminicidios; el Estado le está fallando a nuestras mujeres

Julissa Reyes | 15 mayo 2026

Por Yulissa Reyes

Al día de hoy, los feminicidios siguen siendo una pandemia horrorosa para la sociedad dominicana. El más reciente caso, el de la joven Esmeralda Moronta de los Santos, fallecida a manos de su verdugo Omar Tejeda Guzmán, el pasado miércoles, es una muestra más de que todavía las autoridades no logran instrumentar un plan que pueda ejecutarse como una forma de hacerle frente a estos hechos y disminuir los números que en la actualidad se registran producto de esta práctica violenta.

Cada mujer que cae a manos de su pareja y/o expareja es un claro mensaje de que la incertidumbre es el traje de decenas de féminas que viven entre el miedo, la desprotección y la agonía de no saber cuál será su final.

Las estadísticas son aterradoras, escalofriantes, preocupantes, alarmantes…

La pregunta obligatoria es: ¿con quién cuentan las mujeres que conviven con hombres violentos y aquellas que ya decidieron dejar la relación?

Decenas de niños han quedado en la orfandad y, lamentablemente, en muchos casos, estos caminan por las calles de la delincuencia, la prostitución y las drogas. La ausencia de su madre y, en ocasiones, de ambos padres, los lleva en un trayecto confuso y desorientado que, lastimosamente, no termina bien.

Lo preocupante de esta situación es que el tema solo toma notoriedad cuando ocurre un caso, y esto hace que pase el tiempo mientras no se logran ejecutar acciones que contribuyan a la reducción de esta práctica que entristece a familias y a la sociedad misma, al ponerse en los zapatos de estas damas. Esto evidentemente llama a especial preocupación ya que lo ideal sería que, desde el Estado, se pueda brindar una asistencia continua a aquellas mujeres que logran denunciar a estos hombres; sin embargo, la realidad está a leguas de que así sea.

Partiendo de esta realidad, se hace necesario que las autoridades puedan, urgentemente, echar a andar políticas públicas claras, mucho más robustas y que verdaderamente logren el objetivo para el cual fueron ideadas; de lo contrario, solo hay una inversión de tiempo, dinero e intenciones que no tienen ningún efecto positivo. Las campañas de orientación y prevención están ausentes y esto es, de alguna manera, un paso en falso. Estas campañas pudieran perfectamente ser una vía para orientar y contribuir a hacer conciencia tanto en hombres como en mujeres, pero también es un mensaje que puede transmitirse a niños, niñas y jóvenes para que desde temprana edad tengan consigo un mensaje de no violencia contra la mujer.