Al borde del precipicio; la realidad de miles de familias en República Dominicana

Julissa Reyes | 08 mayo 2026

Yulissa Reyes

Santo Domingo, RD.-Muchas viviendas en la República Dominicana son construidas en barrios y sectores no aptos y sin condiciones mínimas para ser habitados. Esta es la realidad de muchas ciudades del país y la falta de supervisión de las autoridades es prácticamente nula, lo que permite los levantamientos de viviendas de forma ligera e inconsciente y expone al peligro a las personas que incurren en esto.

Esto forma parte de un inapropiado crecimiento desordenado que ha caracterizado a muchos barrios populares del país.

El Avance Media visitó el populoso sector capitalino de Cristo Rey, donde esta realidad se observa a leguas, para documentar información sobre el tema y abordar a las personas que residen en estas condiciones, quienes desafían todos los lineamientos de seguridad que se supone deben tomarse en cuenta a la hora de levantar una residencia.

Al conversar con algunos residentes de la zona, estos manifestaron que sus viviendas en diversas ocasiones han sufrido múltiples daños provocados por las inclemencias del tiempo y otros fenómenos naturales como temblores de tierra.

Estos ciudadanos expresaron que, ante los daños a sus residencias, han tenido que resolver de acuerdo con sus posibilidades económicas, pero que se ven obligados a permanecer en las mismas debido a sus limitaciones, aun cuando las consecuencias pudieran ser fatales.

Ante este panorama, varias de las personas consultadas que viven a diario la incertidumbre de no saber en qué momento pudiera ocurrir algo que les afecte, refirieron que las autoridades todavía no realizan un levantamiento que permita saber la cantidad de familias que viven en estas condiciones con la finalidad de estructurar un plan habitacional para reubicar a estas personas.

Estos residentes consideran que lo antes posible las instituciones correspondientes deben poner el tema en carpeta y llevar a cabo estas acciones para garantizar las vidas de decenas de personas de este lugar.

Y es que, prácticamente en toda la periferia de esta barriada, una cantidad importante de familias vive literalmente al borde del precipicio, expuestas al inminente peligro que esto representa para estas familias, que, en su mayoría, son de muy escasos recursos económicos. Al llegar a este lugar, con facilidad se pueden observar las inapropiadas construcciones que están en estas condiciones.

Una de las personas entrevistadas por esta redacción es la señora Cándida de los Santos, residente en este lugar.

En su testimonio contó que cada día es un desafío vivir junto a su familia en su residencia, esto por el peligro que enfrentan.

La humilde dama narró que, al abrir la parte trasera de su casa, el “patio” es el precipicio, desde donde puede ver las demás casas en las mismas condiciones que la suya.

“Nosotros vivimos aquí porque no tenemos otra opción, pero realmente no es nada fácil, es muy difícil no saber a qué nos enfrentamos, si se va a deslizar la casa o no; cuando llueve no dormimos, pendiente por si pasa algo irregular provocado por el agua, aquí nunca sabemos en qué momento tendremos que abandonar esta casa para que no se derribe con nosotros dentro”, expresó muy preocupada.

Estas viviendas, que, de alguna manera, son improvisadas y levantadas en estas zonas, se han convertido en el único refugio para estas personas, por lo que sus opciones de moverse a otra parte son muy limitadas, pero esto evidencia el gran déficit habitacional y la falta de planificación urbana, lo que convierte esta situación en un problema estructural.

El territorio de Cristo Rey es uno de los barrios de la capital dominicana más poblados, con un déficit habitacional significativo que ha obligado a miles de personas a ocupar terrenos no aptos para la construcción y mucho menos para ser habitados.

Por lo regular, estas ocupaciones suelen realizarse sin permisos ni supervisión adecuada por parte de expertos sobre el uso del suelo, lo que incrementa la vulnerabilidad de las estructuras que se construyen. En muchas de estas zonas, las viviendas han sido construidas sobre laderas inestables o al borde de cañadas, donde el terreno cede fácilmente ante la ocurrencia de lluvias intensas o filtraciones de agua.

Quienes residen en estas casas enfrentan múltiples riesgos y podrían tener consecuencias graves tanto a corto como a largo plazo. Algunos de los riesgos que se pueden citar figuran los siguientes:

* Deslizamientos de tierra: la inestabilidad del suelo puede provocar derrumbes, especialmente en temporada de lluvias.

* Colapso estructural: muchas viviendas están hechas con materiales precarios o sin técnicas adecuadas.

* Inundaciones y filtraciones: las lluvias intensas afectan directamente estas estructuras vulnerables, causando pérdidas materiales y poniendo vidas en peligro.

* Riesgos sanitarios: la falta de drenaje y servicios básicos aumenta la exposición a enfermedades.

* Pérdida total de viviendas ante eventos climáticos extremos.

* Riesgo de muertes o lesiones en derrumbes.

* Deterioro acelerado de las estructuras.

Además, estas condiciones mantienen el ciclo de pobreza, ya que las familias invierten sus pocos recursos en viviendas que no garantizan seguridad ni estabilidad, debido a que son levantadas en terrenos inestables. Uno de los principales problemas detrás de esta situación es la ausencia de un ordenamiento territorial.

En sectores como Cristo Rey, el crecimiento urbano ha sido irregular y espontáneo, con construcciones levantadas sin planificación ni control, lo que ha generado estrechez en las calles, dificultando el paso de vehículos, falta de espacios públicos y múltiples dificultades en los servicios básicos adecuados, entre otros.

Expertos señalan que el hacinamiento, la marginalidad y la falta de espacios adecuados agravan los niveles de riesgo en estos barrios.

Ante la imposibilidad de adquirir una vivienda digna en zonas seguras, estas personas optan por ocupar terrenos disponibles, aunque representen un riesgo para sus vidas. La necesidad de un techo termina imponiéndose sobre la seguridad.

La opinión de un experto

El Avance consultó sobre esta realidad al arquitecto y urbanista Gleinier Alexander Morel Pérez, quien consideró que, aunque el gobierno ha impulsado programas de urbanización en algunas barriadas, estas acciones aún resultan insuficientes frente a la magnitud del problema, ya que se requiere una política integral de vivienda social, así como mayor control en el uso del suelo, al igual que programas sostenidos de reubicación digna e inversión en infraestructura y servicios básicos.

El también miembro del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA), puntualizó que las autoridades necesitan reenfocar la forma en la que esto se controla para lograr el cumplimiento de la Ley de Territorios y Uso de Suelo. Entre sus consideraciones, puntualizó lo siguiente:

1.            Que las alcaldías puedan disponer de un plan sostenible para poder cumplir con la ley y, en función de esto, poder llevarlo a cabo en sus territorios.

2.            Que los departamentos de planeamiento urbano, que se encargan de canalizar todas las directrices de las alcaldías, estén bien estructurados.

3.            Que las estructuras de inspección de las alcaldías dispongan del personal necesario para poder llevar a cabo la tarea de fiscalizar en los territorios.

4.            Evitar la flexibilidad a la hora de que las personas intenten construir en ciertos espacios. Crear conciencia de que la gente debe realizar las construcciones con el acompañamiento de las alcaldías.

5.            El uso de la tecnología para facilitar esta tarea.

La situación de las viviendas al borde de precipicios en Cristo Rey refleja una realidad más amplia: la lucha diaria de miles de familias por sobrevivir en condiciones adversas y contra todo pronóstico.

El gobierno del presidente Luis Abinader ha iniciado y, en algunos barrios, ha ejecutado la reubicación de familias en situaciones de vulnerabilidad. Citamos algunas de las barriadas en las cuales se ha llevado a cabo esta acción con la finalidad de garantizar el bienestar de las familias, aunque, a la fecha, de acuerdo con residentes de Cristo Rey, este lugar no ha sido tomado en cuenta para reubicar a quienes han autoconstruido sus casas en el precipicio.

Entre los barrios en los cuales esto se ha llevado a cabo se pueden citar: la Cañada de Guajimía, en Santo Domingo Oeste; el proyecto Nuevo Domingo Savio; La Ciénaga y Los Guandules.

Estudios han advertido que una gran cantidad de viviendas en el Distrito Nacional no cumple con estándares adecuados de construcción, lo que las hace especialmente vulnerables ante fenómenos naturales.

Ley de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos. ¿Qué incluye?

Aunque en la República Dominicana existe la Ley de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos, No. 368-22, promulgada en 2022, que obliga e instruye al Estado dominicano a organizar el territorio, esto no se cumple. Una muestra de ello es la situación ya expuesta en este reportaje especial.

La finalidad de esta ordenanza es, en esencia, organizar el territorio dominicano para evitar la construcción desorganizada, la protección del medio ambiente y la planificación de mejores ciudades y comunidades, mediante un proceso del Estado para planificar el uso del suelo según las necesidades y el desarrollo del país.

De cumplirse con lo anterior, entonces la ciudad reflejaría una mejor estructura en cuanto a la densa población, ya que se regularía cómo se usa el suelo, es decir, se tomaría en cuenta dónde se puede construir y dónde no, pero no es la realidad, impactando con esto la calidad de vida de la gente.

Clasificación del suelo

Esta ley divide el territorio en tres clasificaciones:

* Urbano: donde ya hay ciudades.

* Urbanizable: donde se puede construir en el futuro.

* No urbanizable: protegido (ej.: agricultura, bosques, minas, áreas ambientales).

El panorama descrito configura un círculo difícil de romper: pobreza que obliga a vivir en riesgo, y un Estado que, aun con intención, no logra responder con la rapidez y alcance que la situación demanda. Mientras tanto, miles de familias dominicanas continúan viviendo al borde de precipicios, con la incertidumbre diaria de no saber si su hogar resistirá el próximo aguacero.