Infidelidad invertida: ¿Sabes qué es y cómo se practica hoy día?

ElAvance | 30 abril 2026

Mujeres al poder

A raíz de lo que se ha estado ventilando en los medios de comunicación en República Dominicana sobre la relación extramarital de un funcionario público con una mujer destacada del ámbito mediático, surge la necesidad de analizar un fenómeno que, aunque no es nuevo, hoy se manifiesta con matices distintos: la infidelidad invertida.

Pero antes de abordar este concepto, es necesario detenernos en dos ideas fundamentales: los tiempos y el tiempo.

Cuando hablamos de los tiempos, nos referimos a aquello que en décadas pasadas era considerado válido, aceptable y hasta normal dentro de una sociedad. Las tradiciones marcaban no solo la gastronomía, el arte o el baile, sino también las dinámicas de pareja y las estructuras sobre las cuales se construían las relaciones.

Por otro lado, el tiempo nos sitúa en la actualidad: una era caracterizada por el cambio constante, la superación personal, el acceso al conocimiento, la globalización y la redefinición de roles. Es precisamente en este contexto donde emerge con fuerza el tema de la infidelidad desde una nueva perspectiva.

Históricamente, el hombre —muchas veces desde una posición de poder económico o social— asumía el rol activo en la búsqueda de relaciones extramaritales. Era él quien cortejaba, elegía e invertía en una segunda relación. En muchos casos, esta dinámica respondía a necesidades no satisfechas dentro del hogar, o simplemente a la validación de su ego y estatus.

Sin embargo, en los últimos años hemos sido testigos de un cambio significativo.

Hoy, muchas mujeres —preparadas, independientes económicamente y conscientes de su valor— han decidido ejercer ese mismo poder de elección. La llamada infidelidad invertida no es más que la apropiación de un comportamiento históricamente atribuido al hombre, pero ahora ejecutado por la mujer.

Algunas mujeres seleccionan a sus parejas extramaritales con criterios incluso más definidos: juventud, vitalidad, atractivo físico o conexión emocional. En otros casos, también intervienen factores como el estatus o la capacidad de sostener un determinado estilo de vida. La lógica de elección ha cambiado, pero la raíz del fenómeno sigue conectada con necesidades humanas no resueltas.

Este giro plantea interrogantes importantes.

¿Estamos ante un ejercicio de libertad o ante la repetición de un patrón disfuncional bajo una nueva narrativa?

Desde una mirada terapéutica, no se trata de juzgar, sino de comprender. La infidelidad —venga de quien venga— no deja de ser una ruptura de acuerdos, una herida en la confianza y una fuente de impacto emocional profundo, especialmente dentro del núcleo familiar.

Uno de los efectos más delicados recae sobre los hijos, quienes muchas veces quedan expuestos a dinámicas de conflicto, confusión emocional e inseguridad afectiva. La figura materna, tradicionalmente asociada al sostén emocional del hogar, cuando se ve envuelta en este tipo de situaciones, genera un impacto aún más complejo en la estructura familiar.

Además, este fenómeno también está generando tensiones sociales silenciosas: hombres jóvenes que experimentan sentimientos de insuficiencia, comparaciones constantes y una creciente presión por cumplir estándares cada vez más elevados en lo económico, físico y emocional.

Como terapeuta familiar y como mujer, no me corresponde emitir juicios desde los extremos. Sin embargo, sí considero necesario hacer un llamado a la conciencia.

El acceso al poder económico y al desarrollo académico no debería convertirse en una justificación para replicar conductas que históricamente han causado dolor, fragmentación y desequilibrio en las relaciones humanas.

Responder a una herida con otra herida no sana; solo transforma el rol de quien hiere.

En República Dominicana, coloquialmente se le ha llamado a este fenómeno “el cuerno de la chivirica”. Más allá del término popular, lo importante es reconocer que estamos frente a una realidad que merece ser analizada con profundidad, responsabilidad y sentido humano.

La verdadera evolución no está en cambiar quién ejerce el poder dentro de la infidelidad, sino en redefinir la manera en que construimos vínculos más conscientes, honestos y emocionalmente sostenibles.